jueves, 5 de marzo de 2009

Me gusta / No me gusta


Me gusta el sabor de la lecitina de soja, los huevos fritos sin puntillas y romper la yema con ese pedacito de pan entre el índice y el pulgar. El bocadillo de tortilla francesa poco hecha y sin sal. La sopa bien espesa y de pasta, me da igual la forma: fideos, lluvia, estrellas…
Me encanta la caricia del sol sobre mi piel desnuda en las playas de Cádiz, el cazón en adobo regado con vino chiclanero, leer mientras el sol se oculta tras el Atlántico, escuchar esa seguiriya rota saliendo de la garganta de la Linares; la media “tostá de fuagrás” y la otra media de mermelada de fresa.
No me gusta la sobrasada, ¡ni la ibérica, ni aunque me la traigan del mismo Mallorca! Detesto el olor a pis de las callejuelas del Centro, las aglomeraciones del metro a primera hora de la mañana, donde puedes aprender el oficio de contorsionista sin esforzarte lo más mínimo. Me enerva la confusión existente entre la sumisión y el ser buena persona. Odio el ruido del camión de la basura a la una de la madrugada y el del diabólico trasto llamado despertador que marca, con un sobresalto, el inicio del día.
Amo la noche, la magia de unos sonoros pasos por los alrededores de la Mezquita; los atardeceres desde el Templo de Debod, las largas sobremesas nocturnas charlando con los amigos de lo divino y lo humano; comunicarme con la gente más allá de las palabras.
Me serena saber que Carmen me cuida y cuenta conmigo.
Me inquietan la sensación de desconfianza que provocan en mí algunos compañeros de trabajo, mis inseguridades sin ningún fundamento y mi necesidad de ser querida.
Me encanta bañarme desnuda en el mar y sentir la sal en mi cuerpo durante horas y bajar los domingos por la mañana, a por el periódico, sin haberme lavado la cara.
Me agrada limpiar el pescado y coser con puntadas muy cortas.

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