lunes, 16 de marzo de 2009

ME GUSTA, NO ME GUSTA...


Me gusta el olor de especias en los mercados de oriente y el color atrevido de las frutas en el verano; sentarme en el cine frente a la pantalla, que comience la historia y que sólo esté yo y nadie más. Me apasionan los aires que voltean las esquinas y el olor rosado de las primeras tardes de marzo. Me encantan los ojos de mis amigos porque me quieren y también meter los pies en un arroyo helado después de una buena caminata por el monte. Me fascina volver de espaldas al atardecer por el camino del cementerio y girarme cada diez segundos para pillar al sol por sorpresa.
Prefiero el zumo de naranja a partir de las cinco y una copa de Oporto antes de comer, rascarme con mimo cuando me pican las piernas y escuchar música con auriculares en los autobuses que van a otras ciudades –aunque ya las conozca.
Me gustas tú cuando no te veo y sé que todavía no te has ido.

Sin embargo... no me gusta aguantarme las lágrimas, porque no sé por qué extraño mecanismo me duele a la vez la garganta, ni escribir sin fumar, comer cuando no tengo hambre y es la hora o hablar por teléfono más de diez minutos si no tengo unas pinzas de depilar a mano. No soporto que me hablen en los instantes inmediatos al final de una película y me expulsen así a la vida cotidiana, encontrarme la cafetera sucia por la mañana y que mi primera acción del día sea abrir el cubo de la basura para tirar los posos, el ambientador azul que se pone en los inodoros. Detesto las puertas que se cierran a más de 15 decibelios. No quiero ganar tiempo a costa de perder sonrisas.
No me gusta que me mires y no me reconozcas.

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