domingo, 7 de junio de 2009

Mi primera vez


Te voy a confesar la verdad. Todo empezó en aquel concierto que disteis en los jardines del antiguo colegio para huérfanos de ferroviarios. ¿Te acuerdas cuando las fiestas se hacían allí? Pues ese verano, creo que en la noche de San Juan, o quizá fue un día después…Pues eso, estábamos mis amigos y yo viendo los conciertos y vosotros tocabais los últimos. No sé por qué, pero me quedé embobado mirándote. Mis amigos los rockeros estaban echando pestes en cuanto sacaste la pandereta, yo no podía quitarte los ojos de encima, fue una especie de…de flash, vamos a dejarlo así. Me acuerdo de la camiseta violeta y la falda vaquera, me acuerdo del pelo rizado recogido en una coleta. No nos gustabais nada musicalmente. De hecho esa fue la primera condición que puse cuando hice mi propio grupo un tiempo después, no sonar como vosotros. Me  estoy desviando, sigo. Mis amigos estaban venga a meterse con vosotros, yo callado como un muerto, no podía decir lo que me estaba pasando. Qué tonterías preguntas, supongo que me pareciste muy guapa, que me gustabas desde el principio, fuiste como una aparición. Bueno, ¿y por qué no? ¿Qué te extraña tanto de eso? Estabas sobre el escenario, tan mona, me parecías muy niña además, aunque tuviéramos la misma edad, sí, para algunas cosas me parecías una cría y sin embargo ahí estabas subida al escenario, venga a bailar y a jugar con el micro, eso que yo deseaba en secreto, tener mi propio grupo…a partir de ahí te volví a encontrar por la ciudad más veces. Me acuerdo de verte por bares, ir a todos tus conciertos, sólo para verte a ti, claro, que te he dicho que al principio no me gustaban vuestras canciones, aunque terminé acostumbrándome. A veces me cruzaba contigo, ibas siempre escuchando música con auriculares, bastante a tu bola, no te enterabas de nada. Claro que nos presentaron, lo intenté por todos los medios, pero no me hacías caso, nunca te acordabas de mí de una vez para otra, y yo me sentía ridículo, porque no sabía qué decirte, entonces aparecía el tembleque y mi cerebro entraba en cortocircuito. ¿Cuántas veces? Pues muchas, alrededor de cinco o seis…la primera fue en el concierto del grupo del novio de tu amiga Sandra, no sé si te acordarás de ese día. Sólo me dijiste hola y me dedicaste una sonrisa. Pero no sabía como atraer tu atención de otra manera. Me ponía nervioso porque eras tú, simplemente. Sí, sabía que estudiabas en la escuela de arte, teníamos amigos en común. Cuando comencé a estudiar allí, años más tarde, me acordé muchas veces de ti, pensaba cuál sería tu taquilla, que te tomarías el café en la misma mesa de la cafetería, que fumarías cigarrillos a escondidas en el pasillo. Luego dejé de verte, cuando viniste a Madrid, pero comencé a leerte, por tu blog, y me gustaste más aún, cómo juntabas las palabras, cómo contabas historias, tenía ganas de decirte que estaba de acuerdo contigo, y por eso te escribí aquellas palabras, el primero mensaje. No te dije nunca nada en persona porque pensaba que sólo te fijabas en…bueno, en otra clase de chicos, como Jorge y Edu, esos que tocaban en grupos de rock, llevaban botas de cuero y se pintaban los ojos emulando a Bowie.

           

            ¿Cómo puedes contarme esto a estas alturas? ¿Por qué jamás te acercaste entonces y me dijiste la verdad? Estás loco, a mí no me gustaban nada Jorge, ni Edu, estás mal de la cabeza. Podías habérmelo dicho antes, hubiera sido precioso. Yo tenía entonces diecisiete años. Sí, me acuerdo de aquel concierto, poco, pero algo recuerdo. Llevaba aquella falda, era un concierto en el que recuerdo estar incómoda, no me sentía bien. Estaba muy cortada, y ya sabía que al día siguiente nos iban a poner a parir en los foros musicales…igual eran tus amigos, los que se metían conmigo. Da igual, no tenía ni idea que fueras a los conciertos sólo para ficharme, menuda sorpresa. Disculpa si no me acuerdo de las veces que nos presentaron, era una época muy tumultuosa, estuvimos grabando disco y de gira, además a mí me fue mal estudiando por haber pasado demasiado tiempo fuera de casa, tenía las neuronas un tanto agitadas. En lo personal me iba fatal, claro. ¿Te acuerdas de mi novio? ¿Aquel que iba de artista? Nueve años más que yo tenía, aunque podía haber tenido quince menos y hubiera dado lo mismo. Acabó mal, como acabaron todas las que vinieron después. Eran todos mayores porque coincidió, y después porque me acostumbré y ya me hice a la idea de que ningún chico de diecisiete se iba a acercar a mí, pero yo en realidad soñaba con eso, con enamorarme de un chico de mi edad, empezar todo con él, salir a escondidas, emborracharnos juntos con dos cervezas, besarnos torpemente por primera vez con la luz baja. No ocurría, nadie en la escuela se acercaba a mí, tampoco en los bares. Como tenía el grupo era mucho más fácil establecer contacto con gente cercana a los treinta que a los veinte. Podías haber venido, haberme pedido el teléfono, haberme sonreído. Me habrías convencido con tus palabras, hubieras sido el chico encantador que necesitaba, que realmente necesitaba, el título de mi mejor canción. Tenía el corazón destrozado en mil pedazos, porque lo vendía a precio de saldo, casi lo regalaba a quien lo quisiera tomar. A veces creo que nadie comprende la soledad de ser niño o adolescente. De todas maneras es gracioso, porque nunca me he creído tan mayor como entonces.

 

            Te hubiera pedido el teléfono y quizá mandado algún mensaje, sí. Cuando ibas a aquel bar donde pinchaban tus amigos, al que yo mismo empecé a arrastrar a los míos, sólo para verte cada viernes, te hubiera invitado a una cerveza, porque ya me había fijado que sólo bebías cerveza, nada de copas. Me pasaba la vida preguntándome cómo sería tenerte en mis brazos, mientras me moría de celos de aquel imbécil con piercing que se decía tu novio, imaginaba cómo decirte lo que pensaba, me moría por que me sonrieras, que me hubieras prestado atención. Era un poco menos refinado que tú, la verdad: llevaba el pelo largo y mal cortado, los vaqueros rotos y una cadena oxidada enganchada a ellos, una cazadora de pana raída y una actitud muy de niñato grunge. Sin embargo me cautivaba tu aire de inocencia, esa pinta de niña recién salida del colegio, tus vestidos de flores y las merceditas. También cuando vestías camisetas de rayas y vaqueros acampanados, con una bolsa en bandolera, toda tu ropa de colores…y yo siempre vestido de negro o gris. Se supone que nosotros teníamos que odiaros, esas son las reglas de las pandillas, los grunges como yo odiamos a las poperas infantiloides como vosotras. Ahora me río cuando lo pienso, vaya estupidez. Estaba loco por ti, y no te enterabas de nada. Me daba rabia al mismo tiempo me resultaba extrañamente tierno. Hubiera sido más fácil de lo que pensaba entonces, de acuerdo, después de estar saliendo algún tiempo, unas semanas de ir a recogerte a la escuela, me hubiera olvidado previamente de mis clases, fumar unos cigarrillos en el parque, tras la muralla, algún beso al sol y muchos más en la oscuridad de los fines de semana, habría terminado sucediendo. Supongo que habríamos elegido un sábado por la noche. Sí, claro, te hubiera llevado a mi casa, siempre me quedaba los sábados solo en casa. Hubiera preparado todo concienzudamente. Habría comprado cuatrocientas velas, preparado una cena especial, comprado una botella de lambrusco. Ya de aquella cocinaba muy bien, aunque aún no sabía de vinos y el lambrusco me hubiera parecido la mejor de las opciones para una noche romántica. Hubiera puesto música suave, algún grupo británico, quizá Belle & Sebastian, algo que sé con seguridad que te hubiera gustado. Después de cenar estaría nervioso, bebiendo un poco más de la cuenta para disimular y perder la vergüenza. Mi habitación era para verla…llena de pósters de grupos en las paredes, carteles de conciertos…muy adolescente, sí. Te habría besado con cuidado, te habría soltado el pelo con mimo y cuidado, toda la ternura del mundo hubiera sido poca para ti. Después todo habría sido un poco desastre, como son las primeras veces para todo.

 

Me habría encantado, ¿me oyes? Encantado. Hubiera matado por ello, por tener una primera vez contigo. Espera, ¿por qué no lo hacemos así ahora? Quiero decir, podemos volver algún día y actuar como si fuera verdad. Ya sé que no es lo mismo, pero piensa lo divertido que sería. Vamos, no me digas que no, yo estoy pensando en ello casi como la secuencia de una película. Es posible que me hubiera comprado un conjunto simpático, algo de colorines, para que me vieras guapa. Me habría perfumado en rincones insospechados de mi cuerpo. Estaría como un flan de huevo, temblando como un pajarito recién nacido. Me daría una vergüenza espantosa, así que te habría pedido que apagaras la luz. “Bueno, vale, si no quieres apagarla déjala, pero tenue, nada directa.” Qué más…lo de la música me gusta, también lo del vino. Pensándolo bien, creo que es de vital importancia que lo hagamos un buen día. Olvida con quién fue la primera vez en realidad, porque para mí ya no hay realidad. Creo que es necesario que lo hagamos tal y como lo estamos planeando. Con cuatrocientas velas, perfume en el escote, lambrusco y música de Belle & Sebastian, con vergüenza, la luz baja, la torpeza de la inexperiencia, las risas nerviosas contenidas, el tembleque de la excitación desconocida, despertarme a la mañana siguiente por primera vez acompañada, un desayuno en común en tu cuarto de entonces. Creo que nos lo debemos, por el tiempo transcurrido, por el pasado en común. Por todo lo que recordamos, uno tan cerca del otro, pero siempre sin cruzarse.

 

En realidad ahora pienso que me hubiera gustado tener miles de primeras veces contigo, y si las tuve con otra gente fue para definir tu ausencia. Ahora lo comprendo todo, después de haberte encontrado tanto tiempo después. Perdona si entré en tu vida como un miembro de guerrilla comunista con toda la artillería pesada, pero es que si después de casi diez años no te decía todo lo que llevaba guardado, me tendría que haber esperado hasta los treinta y cinco, y me parecía demasiado insoportable.

 

            Yo sé que no tengo derecho a pedirte nada después de esto, pero tengo que hacerlo. Olvida todo lo que hiciste antes, sé que suena egoísta y horrible, pero podemos hacerlo por una noche. No existirán tampoco imbéciles con piercing que ocuparon este lugar antes. Te prometo que serás el primero para todo, que recuperaré el tiempo perdido, que no tendré ojos para nadie más, que seremos compañeros de batalla para todo, que estudiaremos la selectividad juntos, que te prestaré apuntes y planearemos una acampada libre un fin de semana, que compartiremos cigarrillos cuando tú no tengas para comprar, que vendremos a Madrid a estudiar y todos nos conocerán siempre juntos. Como dice la canción, yo quiero ser tu novia de la infancia, y qué si el pasado no se cambia podemos inventarnos nuestra historia, y si nos preguntan recitarla de memoria… ¿Qué me dices, te animas?

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