martes, 3 de marzo de 2009

Ladetroya se presenta

Aunque el lunes que viene nos conoceremos, Rosa ha propuesto que vaya presentándome aquí por medio del ejercicio que os dio el primer día del taller y que me hizo llegar. Tengo muchas ganas de incorporarme al grupo. Hasta pronto, entonces.

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Me gustan las bandadas de vencejos y sus gritos jubilosos surcando los cielos veraniegos de Madrid, pasar los domingos lluviosos arrebujada bajo el edredón de plumas, sentir el sol en la cara y el olor a hierba cortada, el sentido del humor afilado de mi hija Yael, su alegría contagiosa, ir descalza, los relojes de cuerda, tener espejos en las paredes, el perfume del jazmín reventando en los dorados amaneceres andaluces de paredes encaladas, cocinar con las manos en la masa, jugar con los olores y colores de los ingredientes, usar especias, rebañar el plato con pan.

Me encanta ejercer de anfitriona de grupos selectos, hablar con desconocidos, fotografiar donde piso, la luz otoñal, entregarme al viento, dejándole de vez en cuando zarandear y empujarme sin ofrecer resistencia, regar y ver crecer mis plantas, ir a la biblioteca municipal del barrio, mirar por la ventanilla del coche y pensar, conducir cuando no hay tráfico, la poesía de Rilke, las playas nudistas, sentir el ronroneo calmo de mi gata en el regazo, la música brasileña y sus ritmos sensuales, la clásica de fondo mientras friego los platos.

Me gusta tirarme en el sofá para ver cine alternativo, quedarme absorta en la ducha con el agua ardiendo cayéndome por la nuca, me entusiasman las novelas de Dostoievski, Joseph Roth y Thomas Mann, la primavera, el dulzor levemente ácido de los albaricoques, el sabor fuerte de un buen paté, ser y sentirme mujer, desayunar los domingos completando el autodefinido y hojeando el suplemento de El País, coger rosas en el cementerio de La Almudena, los mercadillos de antigüedades y los de baratijas, el olor a madera, tender la ropa, el Jardín de las Delicias del Bosco, la pintura de Vermeer.

No me gustan el ruido, la prepotencia y la mala educación, las estridencias, cuando choca mi crisis de los 40 con la edad del pavo de Yael, los dolores de espalda, los pies fríos, los programas tremendistas de accidentes y desgracias, la depilación, la ropa que oprime, las faltas de civismo, el chiste fácil, las rosas que no huelen, las imposiciones, los ambientes cargados, el calzado incómodo, la gente que actúa como si viviera sola, la que obstruye el paso en los autobuses con tal de estar cerca de la salida aunque falte mucho para bajar.

Detesto el contrachapado y las fibras sintéticas, la música tecno, las injusticias, llevar nada que me cubra la cabeza, los helados y la comida fría en general, los nacionalismos, los extremismos de cualquier tipo, las motos con el tubo de escape recortado, y los que las conducen, los grafitis compuestos de firmas, que no tienen pretensiones artísticas y sólo marcan territorio, las mechas, los tintes y las permanentes.

No me gustan las corbatas, la música de La Oreja de Van Gogh y de Enya, fumar en la cama, quienes tiran basura en la naturaleza, los paternalismos gratuitos, la gente desagradecida, las camisas de botones, los bares con la televisión a todo volumen, hacer y deshacer maletas, despertar con prisas, las esperas en los aeropuertos, los chihuahuas y los caniches, el olor a parafina, los ceniceros llenos, llevar cinturón, deprimirme con los noticieros, el pesimismo.

1 comentario:

ROSA ALIAGA dijo...

Muy bien Elena!!!!
Muchas ganas de conocerte el lunes