
Es tan delicada en los detalles que incluso su voz se abriga con un foulard de algodón. Acompaña sus frases con un gesto de la mano derecha que a priori recordaría a Italia pero que en ella es puro zen. Lleva bolígrafos en la mirada y una discreta libreta en su ritmo de escucha. Tiene piernas de colores y vestidos que piensan que el invierno es una frase hecha. Ella sabe reir, mucho, gratis, a bocajarro, sin anestesia.
La escogí a ella porque enseña y yo siempre he sentido debilidad por las regaderas, que lo mismo hacen brotar un trébol de cuatro hojas que una margarita en la autopista.
La escogí a ella porque enseña y yo siempre he sentido debilidad por las regaderas, que lo mismo hacen brotar un trébol de cuatro hojas que una margarita en la autopista.
Roberta Pistacho

2 comentarios:
cuando me canso...me vengo a mirar tu adivinanza y me pongo tan contenta
roberta, hoy he vuelto a leer tu adivinanza y cada vez que lo hago me gusta más, de verdad... y además es tan cierta...
un beso de una de cal y otra de arenas
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