
Era novedad...
Y cada cosa que aparecía nueva en el pueblo nos llenaba de emoción. Todos queríamos disfrutar de ella. Y cuantos más juntos, mejor.
Mi padre estaba orgulloso y se reflejaba en su cara. Era el resultuado de un trabajo intenso de sol a sol en los campos del Bierzo.
Mi madre, embarazada del tercero, le decía: "!Ten cuídado Satur, qué esto se mueve mucho!"
Los adoquines de los caminos nos hacían tambalearnos cada vez más y cuando llegaba el terreno pedregoso, mi hermano y yo nos agarrábamos fuerte y explotábamos en risas.
Yo llevaba medio cuerpo casi fuera. Y luchaba por mantener el equilibiro. Eso, no importaba. Era parte del divertimento: "!Qué me caigo!"
Nos sentíamos los dueños del mundo. Todos juntos, asi, bien apretaítos. Nos hubiera gustado quedarnos asi, siempre.
De Villarejo a Veguellina, unos cuatro kilómetros de nuevas sensaciones que rompían con la rutina de la dura vida del pueblo.
Era domingo. A pesar de que mamá llevaba de luto tres meses, el mundo parecía sonreírle. Allí estábamos todos: su marido, sus dos hijos y medio y ella; que con su estado de buena esperanza y el macuto con roscón y fruta se dejaba llevar.
Todos para una y una para todos.
Ese verano fuímos la envidia del pueblo.
ADJANA LO INTENTA

1 comentario:
genial Cris...me ha encantado!!!!!
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