
Ayer salí del cine medio embobada con la frase de uno de los protagonistas: “Cuando veas un Donuts, fíjate en la masa, y no en su agujero”. Realmente, este bollo de 300 calorías, tierno, sabroso y recubierto de azucar glazé en su forma original, es una “estrella” en el mundo; tanto, que con solo nombrarlo, los espectadores identifican su forma y su sabor. ¿Qué más se puede pedir siendo un bollo?
Cuando llegué a casa pensé en el Donuts que me había comido por la mañana. ¿qué me atraía realmente de él? Si te paras a mirarlo te das cuenta de que es un pedazo de masa mutilada, le falta su centro, su corazón, y sin embargo…es tan sabroso! Con él puedes realizar actividades varias imposibles de hacer con otros tipos de bollos, como por ejemplo, entrenar el dedo índice jugando al hoola hop mientras lees un periódico o hablas por teléfono, o mirar a través de él como si fuera un catalejo.
Lo que no cabe duda es que es un bollo que ilusiona. Cae simpático, ilumina la cara diaria de millones de personas en el mundo e incluso dicen que da suerte. ¿quién no ha esperado tener un día redondo tras comerse un donuts en una cafetería de barrio? Para ser exactos, un estudio reciente dice que cada segundo se comen en España 19 donuts y por ende, 1.140 cada minuto.
Sin embargo, no puedo dejar de pensar en que hay detrás de este elemento que nos hace tan felices, que se disfraza con colores y sabores diferentes e incluso puede llevar adornándole m and m´s o virutas de chocolate ¿Quién lo inventó? ¿por qué realmente tiene esa forma? ¿es acaso un producto de marketing perfectamente estudiado para estimularnos el hipotálamo sin que seamos conscientes de ello? Realmente, no me creo que este duendecillo de masa sea producto de una casualidad.
Así que navegando en las profundidades de mi ordenador, empecé a obsesionarme con el Donuts. Unos dicen, que los arqueólogos encontraron estos bollos petrificados en las ruinas prehistóricas del suroeste americano. Otros, que los primeros donuts se fabricaron en Holanda, , atravesaron el mar hasta llegar a América; allí gustaron, se utilizaron como “snack” en los caros teatros neoyorquinos, y ya en el año 1.920 se empezaron a fabricar en serie. El simpático pastelillo llegó a ser el “hit de la comida del siglo del progreso” en el Chicago de los años 30, y finalmente en los años 70 consiguió la distinción de “American Favourite” cumpliendo con el sueño de cualquier humilde bollo: inundar dulcemente las casas de los americanos.
Actualmente la “rosca de oro” mueve más de 746 mil millones de euros al año en 37 países diferentes del mundo. Sólo la franquicia de Donking Donuts tiene más de 7.000 locales en Estados Unidos. Ni siquiera los momentos de crisis afectan las ventas de estos deliciosos pasteles.
Cualquiera que fuese su comienzo, lo que está claro es que hay objetos (en este caso perecederos) ,que nacen con estrella y son capaces de alumbrarnos la difícil rutina diaria de la vida. Pastelitos, hay muchos, pero tan carismáicos como el Donuts, sólo él y quizás, sus hijos, los donnetes nacidos en España y de cuarta generación.
Por tanto, sólo recuerda, que un “mordisco” de este entrañable bollo vale más que todas estas palabras y que además, si te comes uno, tendrás suerte…pero si son dos, más suerte todavía…

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