De eso hace ya tres semanas y no ha vuelto a saber nada más de ella. Ni un xD, ni un bs, ni un yure beatiful my life, ni nada. Desde esa noche el buzón de entrada de su móvil no ha vuelto a iluminarse con más amaneceres. La conoció en julio. Ella iba hablando por el móvil en el coche. Y a él le tocaba devolverle la guardia a Antonio que ese fin de semana había tenido que llevar a la suegra a la playa. Eres un calzonacos, recuerda que le había dicho. Solo el destino quiso que ella tuviera que atravesar la Avenida de España para llegar al media mark de la entrada. Si hubiera sido un hombre no hubiera pasado nada. Pero cómo no pararla, si hasta el semáforo se había puesto en rojo de solo mirarla. Se acercó al coche y ella bajó la ventanilla. Y él sabe que el recuerdo de su escote será en lo primero que piense el día de su jubilación. No hubo mucho más. Lo siento agente, no volverá a suceder... cómo se yo que no lo volverás a hacer... y si le doy el móvil... Como dicen los Manos de Topo, pornografía barata es la oferta de este mes.
Pero al cabo de un tiempo, todo se transformó. Ella se empeñó en demostrarle su amor a través de abreviaturas: tkm MK?. Con esas k que parecen querer abarcarlo todo. Y a él nunca le gustó mucho escribir, por algo se había hecho policía. Y ocurrió lo que suele pasar tantas veces en estos procesos de a dos: que el más se convierte en menos y el menos en más.
Hasta hace tres semanas, que a ella se le empezaron a deformar los dedos de tanto amarle y todo concluyó. Se quedó sin rayos el bluetooth. Él continuó con su rutina de siempre. Y en esas andaba esa misma mañana, en la que cuenta que al ir a ducharse el café se había salido y que en los posos que quedaron casi había podido ver una t y una m y se había vuelto loco buscando una k. Tal vez andaba pensando en eso que cuando vio al chaval en la bici haciendo el caballito no pudo contener las ganas y tuvo que lanzarle una bofetada. Directamente a la cara. Con toda la mano abierta. Primero una y luego la otra. Porque en el fondo necesitaba explicarle a ella que a él también se le estaban deformando los dedos de tanto amarla.
Una de cal y otra de arenas
Pero al cabo de un tiempo, todo se transformó. Ella se empeñó en demostrarle su amor a través de abreviaturas: tkm MK?. Con esas k que parecen querer abarcarlo todo. Y a él nunca le gustó mucho escribir, por algo se había hecho policía. Y ocurrió lo que suele pasar tantas veces en estos procesos de a dos: que el más se convierte en menos y el menos en más.
Hasta hace tres semanas, que a ella se le empezaron a deformar los dedos de tanto amarle y todo concluyó. Se quedó sin rayos el bluetooth. Él continuó con su rutina de siempre. Y en esas andaba esa misma mañana, en la que cuenta que al ir a ducharse el café se había salido y que en los posos que quedaron casi había podido ver una t y una m y se había vuelto loco buscando una k. Tal vez andaba pensando en eso que cuando vio al chaval en la bici haciendo el caballito no pudo contener las ganas y tuvo que lanzarle una bofetada. Directamente a la cara. Con toda la mano abierta. Primero una y luego la otra. Porque en el fondo necesitaba explicarle a ella que a él también se le estaban deformando los dedos de tanto amarla.

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