Creía que no lo iba a conseguir. Algunas veces, porque cuando me lo propuse, estaba casi segura de que sí, como casi todo, que yo sé que soy muy cabezona y cuando me propongo algo, le pongo empeño.
No sé cuando nació la idea; era una ilusión. ¿Sería capaz?. Y lo fui.Muchos preparativos, mucho esfuerzo, muchas caídas desesperadas. ¿Qué hago yo aquí?. ¿Quien me manda meterme en estos líos?. ¡Venga, no desesperes! me decía a mi misma, mucha gente lo hace. Sí, pero es que yo... no sé, me cuesta tanto. ¡Venga!.
Y después de muchas caídas y "levantadas" con mucho esfuerzo, que aquellos era tan ortopédico, allí estaba: se llamaba "El Tobogan". Un caminito en la inmensidad de las montañas, en Pirineos; todo blanco, brillante, en silencio; con suaves curvas a izquierda y derecha. ¡Qué placer!. Un poco nerviosilla todavía. Tenía quilómetros por delante para disfrutar. ¡Disfruta, relájate!
De vez en cuando un niño pasaba a mi lado, tan tranquilo; le copiaba. Un mayor atento al pequeñajo, en paz; le copiaba.
¡Que sencillo parecía ahora!Disfruté muchísimo aquella primera bajada "de verdad". Los preparativos habían costado, pero había merecido la pena porque luego vendrían muchas más. Subiría contemplando en paz aquellos espacios inmensos que rompen la bulla, los agobios, los atascos y las carreras para casi todo casi siempre.
Esa primera vez me dio la llave para encontrar serenidad cuando a veces parece que se me escapa. Las siguientes veces son casi tan especiales como la primera. Disfruto y me encanta, aunque sea verano y solo pueda imaginar.
MARIPOSAROSA, 22 octubre 2008.

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