martes, 21 de abril de 2009


Esta espera me va a matar. Si es que no tenía que haber venido tan pronto, con lo bien que se estaba en la cama. ¿Y para qué quiero estar acostada?, si total, no duermo, en cuanto veo claridad se me abren los ojos como a un mochuelo. Lo peor es que he salido sin lavarme la cara y juraría que tengo una legaña y grande, porque esa señora no deja de mirarme a un punto concreto entre la nariz y el carrillo. Pues yo muy digna, ni me inmuto. No me la pienso quitar, a partir de ahora, voy a ir con la legaña por la vida como si fuera un lunar. Si alguien me pregunta, le diré: “es de nacimiento”. Además la ventaja es que de ésta no van a salir pelos. Decidido, me la quedo. Mira, la primera decisión del día y bastante acertada, si van a tener razón los que dicen eso de “a quien madruga, Dios le ayuda”. Ay, me esta rodilla se me resiente. De estar de pie, ya podían poner unas banquetas o algo, que mira que son desconsiderados, encima que venimos... Lo que es la edad, no me levanto un día sin que me duela algo, la de sitios que hay en el cuerpo, oye, y además todos capaces de dolerte. Me estoy acordando de cuando se me agarrotó el dedo gordo de la mano derecha y no podía coger nada: ni el peine, ni un boli, ni ponerme las medias siquiera, que tuve que ir una semana en pleno mes de febrero a pierna descubierta por la calle. Ahí es cuando te das cuenta de que el otro brazo lo tienes por pura simetría y estética, porque para lo que sirve... Lástima no haber heredado el uso de las dos manos como mi padre y mis primos, que es una gloria verlos jugar al frontón: ahora cojo la raqueta por aquí, ahora por allá, ahora te pego un bofetón con la derecha, ahora con la izquierda... Qué aburrimiento de espera. Aprovecha para centrarte en lo importante, que luego dirás que no has tenido tiempo de pensar y terminarás tomando la decisión equivocada. Analiza la situación. Ya me decían los profesores en el instituto que valía para Ciencias: “eres lista, trabajadora, responsable y con capacidad de análisis”, lo que mis compañeras de clase entendían como “empollona y pelota”. Pues al final, ni una cosa ni otra: ni Ciencias ni Letras. Que con la enfermedad de mamá, pobrecita mía, no me quedó más remedio que cuidar de mi padre y mis hermanos, ¿dónde habría llegado yo si hubiera estudiado?, igual ahora era una ejecutiva de esas con traje y maletín de piel. Por cierto, ¿qué llevarán en el maletín?, a lo mejor un tupper con las albóndigas para la hora de la comida... Parece que me rasca el estómago, si es que ni un café me he tomado, con las prisas por llegar la primera, total para qué, si ya había un montón delante, ¿y si pido que me guarden la vez y me voy a por unos churros? No, no, que luego se monta un Cristo que para qué. Entonces vamos a ver, ¿qué elijo?, hay que aprovechar la situación, que no todos los días te ves en ésta y te llevas lo único que hay. Por un lado ese de ahí me gusta porque tiene la mirada viva y los ojillos brillantes, parece hasta simpático; ahora que el otro ya me ha mirado varias veces con disimulo, pero tiene una expresión tristona que no sé.... ¡para penas estoy yo! Pero pensándolo bien, el mohíno tiene un cuerpazo, tenso y duro, si pudiera tocar... ¡ni pensarlo!, que estas son capaces de lincharme al mínimo movimiento. Sí, el otro es bastante fofo y para fofa ya estoy yo. ¡Qué dilema, madre mía!, además al blandito parece que le suda el alerón, porque tiene un tufillo a revenido. Por cierto, tengo que acordarme de comprar desodorante, que no me queda, uno que no sea muy denso para que no se me enreden los pelos, voy a probar ese que sale en la tele que luego te siguen los hombres por la calle a ver si funciona. ¡Uy!, el de los ojos tristes y el cuerpazo me ha vuelto a mirar, me estoy poniendo un poco nerviosa y ya me empiezan a sudar las manos, creo que me inclino por este, aunque no me había fijado en el cabezón que tiene, ¡por Dios! ¡Si se parece al Aurelio, que su madre gastaba la mujer tres ovillos de lana para hacerle un gorro y nunca le llegaba para la borla! Me estoy poniendo nerviosa, que ya me va a tocar y yo aquí con tantas dudas. Mira, me quedo con el fofo de ojos alegres, ya le pasaré el desodorante, además tiene la piel rosadita y así hace contraste con mi color renegrido. Que ya me toca.

- A ver, la siguienteee.
- ¿Me pone ese besugo de ahí?
- Cómo quiere que se lo prepare.
- Límpiele las tripas y con cabeza, para hacer al horno.

No hay comentarios: