Me pesa la mochila, a pesar de que nos queda poca comida y apenas agua. Encima de nosotros el sol quema sin piedad; parec no darse cuenta de que cada vez nos quedan menos fuerzas para avanzar por este árido camino e insiste en calentar cada vez más.A los lados, los campos amarillentos y el cielo azul, brillante e inmenso. Delante de nosotros el largo camino de tierra y la polvareda que ha dejado tras de sí una camioneta sucia y desvencijada que ha pasado sin hacer caso de nuestras señales de auxilio.
Seguimos caminando, no podemos sucumbir. No puede faltar mucho para llegar a la casa que nos han dicho que había a pocos kilómetros. ¿Pero cuántos?
Tenemos que seguir, pero nos fallan las fuerzas. Tenemos sed. Una pequeña parada, el último trago de nuestra cantimplora y continúamos caminando.
De repente, alzamos la vista y apenas podemos creer lo que nos parece ver a lo lejos. Puede ser una casa, pero también un espejismo fruto de nuestra ilusión. Animados, apretamos un poco el paso y poco a poco la imagen difusa va tomando forma. Es una pequeña casa a la que se llega por un caminito a la derecha del nuestro. Parece habitada, el sol y el azul tinenso la hacen parecer muy viva, alegre. Estamos seguros de que hay alguien dentro. Nos ha parecido que se movían un poco las cortinas. Corre un ligero viento que anima todo lo que rodea la casa. Cuando llegamos a la puerta, una mujer de aspecto amable nos espera; nos ha visto llegar y nos ofrece un vaso de agua fresca del pozo que tiene en el jardín. Sentados en el porche, todo es luminoso. Rompemos el silencio con nuestra risa animada, sentimos el aroma de la hierba y la dulzura que acompaña a la mujer. Es una señora de gestos delicados y todo lo que le acompaña parece igual de suave y alegre.
MARIPOSAROSA

1 comentario:
me ha gustado mucho...el final es muy bueno...
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